El Oráculo de la Libertad: Casilda Zafra y la profecía que cabalgó con la Independencia
HISTORIA Y CULTURA · BOYACÁ

En la historia de la Campaña Libertadora de 1819 existen nombres que aparecen con frecuencia en los libros: Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander, José Antonio Anzoátegui o Juan José Rondón. Sin embargo, junto a esos protagonistas sobreviven personajes cuya memoria ha permanecido gracias a la tradición oral. Uno de ellos es Casilda Zafra, una mujer de Santa Rosa de Viterbo cuya historia une realidad, memoria popular y una de las leyendas más representativas del municipio: la del caballo Palomo.
En Santa Rosa de Viterbo, Casilda es recordada como la mujer que habría anunciado el destino extraordinario de un potrillo mucho antes de que este acompañara a un gran general en la guerra de Independencia. Por ello, su figura puede entenderse como el "Oráculo de la Libertad", no porque existan documentos que la describan como una vidente, sino porque la tradición le atribuyó la capacidad de anticipar un hecho que terminaría convirtiéndose en símbolo de la victoria republicana.
Santa Rosa de Viterbo y la Independencia de Colombia
En julio de 1819, tras el paso del Ejército Libertador por el páramo de Pisba, los pueblos del corredor entre Duitama, Santa Rosa y Tunja quedaron vinculados al avance del ejército que culminaría con la Batalla del Pantano de Vargas, el 25 de julio, y la Batalla de Boyacá, el 7 de agosto.
Santa Rosa ocupaba una posición estratégica dentro de ese corredor. Era una población agrícola y ganadera, abastecida por haciendas y estancias donde abundaban caballos, mulas y reses, recursos indispensables para la movilidad de las tropas. En ese contexto aparece la figura de Casilda Zafra.
Casilda Zafra: la mujer detrás de la leyenda
La tradición oral permite reconocer a Casilda como una mujer vinculada al mundo rural, con una posada de paso para viajeros, y como propietaria o cuidadora de yeguas y caballos. Su nombre quedó asociado especialmente a la crianza del caballo que la tradición identifica como Palomo, el célebre caballo blanco utilizado posteriormente por Simón Bolívar.
Aunque existen versiones distintas sobre el origen exacto del animal, la memoria santarroseña conserva un relato transmitido durante generaciones: una de las yeguas de Casilda estaba destinada a dar a luz un caballo excepcional.
Es precisamente allí donde nace el carácter de "oráculo" que el pueblo le atribuyó.
La profecía del caballo Palomo
Según la tradición oral, Casilda anunció que una de sus yeguas tendría una cría destinada a convertirse en el caballo de un gran general que conduciría a los hombres hacia la libertad.
La historia adquiere fuerza precisamente porque se cuenta como una predicción realizada antes de conocerse el desenlace de la guerra. En el relato popular, cuando el potrillo nació, Casilda insistió en que aquel animal no estaba destinado a cualquier jinete.
Con el tiempo, ese caballo sería identificado como Palomo, el mismo que acompañaría a Bolívar en los años posteriores de la guerra.
Desde el punto de vista historiográfico, esta profecía no aparece registrada en documentos contemporáneos de 1819. Su permanencia pertenece al ámbito de la tradición oral, un patrimonio cultural que, aunque no siempre pueda verificarse documentalmente, constituye una forma mediante la cual las comunidades explican y preservan su pasado.
Palomo: del establo al símbolo republicano
Más allá de la profecía, el caballo Palomo sí alcanzó un lugar privilegiado dentro del imaginario independentista.
La imagen de Bolívar montando un caballo blanco se convirtió en uno de los símbolos más reconocibles de la República naciente. Ese caballo representa la victoria, la autoridad militar y el liderazgo del Libertador.
Para Santa Rosa de Viterbo, sin embargo, Palomo tiene un significado adicional: recuerda que los grandes acontecimientos nacionales también dependieron de personas anónimas que aportaron recursos esenciales para la guerra.
Mientras algunos combatían en el campo de batalla, otros contribuían proporcionando alimentos, animales, refugio o información. Casilda Zafra representa precisamente ese tipo de participación silenciosa.
Casilda Zafra entre historia y memoria
El caso de Casilda invita a reflexionar sobre la diferencia entre la historia documentada y la memoria colectiva.
La investigación histórica trabaja con archivos, correspondencia, registros oficiales y testimonios verificables. La tradición oral, en cambio, transmite relatos que han pasado de generación en generación, transformándose con el tiempo sin perder necesariamente su valor cultural.
Lejos de ser incompatibles, ambas dimensiones pueden dialogar.
La historia permite establecer qué hechos pueden demostrarse mediante documentos. La tradición explica cómo una comunidad ha decidido recordar esos acontecimientos y dotarlos de significado.
En Santa Rosa, la figura de Casilda no necesita competir con los archivos para ocupar un lugar importante en la identidad local. Su historia funciona como un puente entre el mundo cotidiano de las haciendas boyacenses y la causa de la Independencia.
El legado del Oráculo de la Libertad
Quizá la mayor enseñanza de Casilda Zafra no sea la supuesta capacidad de predecir el futuro, sino recordar que las grandes transformaciones históricas suelen construirse con el esfuerzo de personas cuyos nombres apenas sobreviven en la memoria de sus pueblos.
Su relato mantiene viva la idea de que la libertad también tuvo raíces en los caminos rurales, en los corrales donde se criaban caballos y en las voces que transmitieron historias durante más de dos siglos.
Por eso, cuando Santa Rosa de Viterbo recuerda a Casilda como el Oráculo de la Libertad, no solo evoca una antigua profecía sobre el nacimiento de Palomo. También reconoce a una mujer cuya memoria quedó entrelazada con uno de los episodios más trascendentales de la historia colombiana, demostrando que, junto a las batallas y los generales, fueron las comunidades quienes también ayudaron a escribir el camino hacia la Independencia.
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